El zoroastrismo es la religión de la buena vida

El passat 11 de març,  La Contra de La Vanguardia publicava una entrevista a Marzban Cooper (definit pel periodista com a “parsi zoroástrico en el mundo digital”) i aquí us deixem amb la seva lectura:

“Marzban me recibe en una vieja nave industrial del Poblenou que albergó a principios del siglo XX una fábrica de hélices para aviones. Ahora acoge una agencia creativa multipremiada (www.herraizsoto.com) de la que es socio y que apuesta por experimentar ideas nuevas para entornos digitales (su estrella es la herramienta Ommwriter: www.ommwriter.com/media) y publicitar marcas. Marzban viene de una cultura exótica -de los 120.000 zoroástricos del mundo, sólo hay dos en Catalunya: él y una amiga-, y de una familia muy nómada, pero eso le moldeó para adaptarse a un planeta sin fronteras: habla en inglés a sus colegas y se proyecta sin complejos hacia un mundo globalizado.

Tengo 42 años. Nací en Bombay, viví en Nigeria, Gran Bretaña, Alemania y, ahora, en Catalunya. Soy ingeniero y socio de una agencia interactiva de creación publicitaria. Vivo en pareja y no tengo hijos. ¿Política? Tolerancia y convivencia. Soy zoroástrico: creo pero no practico.

Así que zoroástrico…

Sí. Mi abuelo era sacerdote del culto zoroástrico. Es una religión muy, muy antigua.

¿Cuán antigua?

Con raíces 1.500 años antes de Cristo, cuajó en Persia en el siglo VI a.C: es anterior al islam, al cristianismo, al judaísmo… ¡Es el primer monoteísmo!

¿Qué Dios veneran?

Ahura Mazda, y por eso al zoroastrismo se le denomina también mazdeísmo. El fuego simboliza la divinidad.

¿Y el término zoroastrismo?

Deriva de Zoroastro (en griego) o Zaratustra (en persa), el profeta de esta religión, nacido en Irán en el siglo VI a.C.

Persa, pues.

El zoroastrismo fue la religión del imperio persa. Una comunidad persa emigró hace mil años –llevaban en el barco el fuego sagrado– y se asentó en India, en Guyarat: por eso somos parsis. Yo nací en su seno.

¿Y qué se siente usted: persa, indio…?

Indio de raíz persa, lengua guyaratí y religión zoroástrica, criado en África, educado en inglés y alemán…, y ahora hablo castellano y catalán, y mi casa es Barcelona.

¿Qué propugna su religión?

Un monoteísmo muy respetuoso con los cuatro elementos de la naturaleza… Por eso, cuando alguien muere, en vez de contaminar los elementos quemando su cadáver (aire y fuego), enterrándolo (tierra) o arrojándolo al agua, su cadáver se deposita en la torre del silencio…

¿Qué torre es esa?

Una torre redonda, cerrada y protegida, en cuya azotea se deposita el cadáver para que los buitres vayan devorándolo.

¿Así acabó su abuelo?

Acabó enterrado en Londres. De mayor, se volvió más práctico… Y la verdad es que en Londres vuelan pocos buitres…

¿Qué le gusta más de su religión?

Es una religión de la buena vida. Sin hábitos ni normas dietéticas restrictivas, y sólo tres mandamientos básicos: buenos pensamientos, buenas palabras, buenas acciones.

¿Qué estampa de su niñez fue más zoroástrica?

Recuerdo las ofrendas al agua: íbamos al mar o a un lago y ofrendábamos flores y arroz a las aguas…

Creí que adoraban el fuego…

Como símbolo: ¡un fuego debe arder siempre en el templo! Los sacerdotes como mi abuelo tenían una misión: que jamás se apagase el fuego. Mi abuelo estuvo años en la comunidad parsi de Yemen, y al retornar a India, colocaron el fuego en un contenedor especial, para transportarlo en avión de vuelta a Bombay…

Viene usted de un mundo arcaico: ¿a qué se dedica?

¡Soy ingeniero! Mi padre ya lo era: los parsis somos pocos, sólo 60.000 entre mil millones de indios…, ¡y tuvimos que espabilarnos! Los parsis son muy florecientes…

¿En qué ámbito se ha espabilado?

Gestiono una agencia creativa de publicidad digital, interactiva. Y somos fábrica de ideas, con ánimo de experimentarlas, sin tener miedo al fracaso: ¡y ya hemos cristalizado alguna idea con éxito…!

¿Cuál?

Una aplicación de ordenador para escritores, poetas, periodistas…

¿Sí?

Se llama Ommwriter: descarga una pantalla que incentiva tu capacidad de concentración y estimula tu creatividad…

¿En qué consiste esa pantalla?

Es muy sencillo: unos fondos de ciertos colores suaves y tamizados (basados en los principios de la cromoterapia: unos fomentan la serenidad, otros la creatividad…), ciertos sonidos melódicos (varios para elegir), y cuatro tipos de letra para elegir.

¿Y nada más?

Nada, simplicidad. La gente ha llegado a tales umbrales de saturación de ventanas, datos, opciones, multitareas…, que estamos desbordados: ¡necesitamos un espacio de tranquilidad para estar a solas, sin nada más! Y eso ofrecemos: ¡en Japón es ya la aplicación para Mac más descargada!

Muy zen, veo.

Uno de los sonidos es el de cuencos budistas; otro, los que oye el feto en el útero; otro, el del pasar páginas en una biblioteca…

¿Puede ser útil para niños y jóvenes en sus ordenadores de escuelas?

Les puede ayudar a volver a concentrarse, a recuperar su capacidad de leer. ¿Qué niño lee ya…? De niños, nuestros padres nos reñían: “¡Niño, no leas en la mesa!”. ¿Se acuerda, ja, ja…? Ahora sólo veo leer a mis primos de la India, aquí no veo a niños leer…

Profusión de pantallas… ¿Por dónde cree que irá el futuro digital?

Ha llegado la hora de regresar a los orígenes, a la simplicidad del lápiz y papel: ¡esa vía queremos recrear con esta aplicación!

¿Y cómo ve las redes sociales?

¿Es calidad de vida esclavizarte a Twitter, Facebook, mirar portadas, los e-mails? ¿No estaremos convirtiéndonos las personas en periféricos de nuestros terminales…? Estamos demasiado dispersos… Y así no nos damos ocasión para crear ideas nuevas. Por tanto, prefiero ir contra corriente…

Es arriesgado…

Noto en España mucho miedo al fracaso…, y eso os frena. Hay que superar ese miedo: ¡cada fracaso es un aprendizaje! Aquí la gente, en cambio, prefiere ser funcionaria, y veo que hay miedo a pensar a lo grande…”

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Entrevista amb Colin Thubron

Fa pocs dies a la contraportada del diari El País el periodista Jacinto Antón ens presentava el relat de la seva entrevista-sopar amb l’escriptor Colin Thubron de pas per Madrid. Aquí teniu aquest escrit amb el titular “Mi Shangri-La es mi jardín; no podría vivir sin él” i amb una recomanació personal: “le pido a Colin que recomiende un lugar que no hay que perderse. Titubea -“es muy personal, cada uno tiene sus intereses”- pero acaba musitando: “Samarcanda“. Esteu d’acord…?

Cenar con Colin Thubron es ampliar horizontes. Considerado uno de los grandes nombres de la literatura de viajes, el escritor británico (Londres, 1939) nos ha hecho recorrer la fantasmagórica ruta de la seda o la desolada Siberia con una sensibilidad y un hálito poético que eleva las botas de marcha y la mochila a la categoría de las sandalias y el caduceo de Mercurio -una comparación que placería a su admirado maestro Patrick Leigh Fermor-. Viva imagen del gentleman británico, Thubron, que ha participado en un ciclo de la Biblioteca Nacional, se desenvuelve en la mesa con una natural elegancia que te hace sentir un invitado patoso en Brideshead.

El maître le propone de entrante pulpo. Se ensombrece. “En Chipre observé a uno atravesado por el arpón de un pescador, cerraba los ojos así, en la agonía del dolor”. No obstante, se apunta al plato. Hombre práctico en lo gastronómico -es lo que tiene viajar a ras por algunos de los lugares más inhóspitos del mundo-, come de todo. “En ciertas partes de China resulta a veces complicado, serpientes, sesos de mono, perro… pero solo una vez me venció la desazón: había gato cocinado sobre el mantel y otro vivo bajo la mesa que me miraba angustiado”. En otra ocasión, en un mercado en China, el viajero, llevado por la piedad y un recuerdo de juventud, compró un búho destinado a la cazuela y lo liberó allí mismo ante la estupefacta mirada del vendedor, “que no entendía que un bocado tan exquisito echara a volar”. Mientras da cuenta de su cefalópodo con la parsimonia de quien ha sido educado en Eton, Thubron recuerda la ocasión en que perdió dos dientes al masticar un correoso carnero en el Turkmenistán. “Fue duro, estás horrible con dos dientes menos, incluso en el Turkmenistán”. Cuando el efecto combinado del vino y los espejos del restaurante nos conducen -al menos a mí- a un estado soñador, le pido a Colin que recomiende un lugar que no hay que perderse. Titubea -“es muy personal, cada uno tiene sus intereses”- pero acaba musitando: “Samarcanda”. Con la confianza de los postres y tras hablar de su último viaje, al sagrado monte Kailash del Tíbet -el libro aparecerá a principios de año-, que tuvo algo de peregrinación de un hombre solitario que ha perdido a toda su familia (padres y hermana) y cuya novia vive en EE UU, le pregunto por su Shangri-La, su secreta región soñada. “Tengo un jardín, no podría vivir sin él. Es pequeño, en mi casa en Londres; mimosa, un magnolio, rosas”.

Mientras saborea el sorbete de fruta, la melancolía nos lleva a Thesiger, el viejo viajero que murió solo en una residencia. “¡Pobre sir Wilfred!, me dijo que de su vida solo lamentaba no haber matado a nadie, a nadie con seguridad, claro, porque disparó a muchos alemanes en la guerra”. Tenía cara de halcón. “Más bien como si estuviera permanentemente frente a una tormenta de arena”. En el rostro de Thubron también están marcados sus paisajes, la desolación de la taiga glaseada, los peligros en la mezquita de Gawhar Shad… El viajero se levanta en un laberinto de reflejos. “No sé adónde será mi próximo viaje”, dice con una sonrisa triste. Y parte en la noche.

Entrevista a SEBASTIAN STRIDE: L’arqueòleg que somniava amb Alexandre el Gran

Sebastian Stride La VanguadiaA finals de juliol d’aquest any 2009, l’arqueòleg Sebastian Stride, professor del departament de Prehistòria, Història Antiga i Arqueologia de la Universitat de Barcelona (a més de formar part de grups de recerca de l’École Normale Supérieure, Paris -França-, de la universitat de Milan-Bicocca -Itàlia- i de l’Acadèmia de Ciències de l’Uzbekistan) fou entrevistat a La Vanguardia. Avui us acostem un extracte d’aquesta molt interessant entrevista que ens mostra les similituds culturals entre Àsia i Europa a més de descobrir-nos una mica més l’Uzbekistan:

“…Europa llega hasta el Pamir y el norte de África.Uzbekistán y Catalunya tienen muchos puntos en común. La Barcelona de hoy, el Raval, se antoja un viaje a la multicultural Termez, la ciudad uzbeka enclavada en el corazón de la Ruta de la Seda. Las distancias entre Oriente y Occidente son sólo geográficas. Sebastian Stride, arqueólogo galés que creció en Francia, investiga en Uzbekistán y vive en Catalunya, defiende una visión de Europa sin las fronteras marcadas en el siglo XX. “La historia de Asia Central es paralela a la nuestra, no puedes entender ningún momento histórico de Catalunya, por ejemplo, si no lo engarzas en un marco geográfico más amplio; la visión de Europa que hoy intentamos construir es una fantasía”, afirma en una terraza del Raval.

Stride nació en la impronunciable Aberystwyth, población universitaria situada en la bahía de Cardigan, en Gales, pero pasó su infancia en Francia.

“A los ocho o nueve años ya tenía claro que quería ser arqueólogo, me montaba mis historias, mi mundo, y ya sabía que iría a buscar a las figuras míticas, a Alejandro Magno”. Perseguir el sueño de la Persépolis, Siria, Egipto o Mesopotamia del legendario líder militar.

Tras estudiar Arqueología en el University College de Londres y doctorarse en la Sorbona de París, a los 22 años se enroló en una expedición franco-uzbeca para excavar en Termez. “Yo creía – narra-que revolucionaría el mundo del conocimiento, que haría grandes descubrimientos siguiendo los pasos de Alejandro Magno en Asia Central y decidí quedarme en Uzbekistán. Viví cuatro años entre Tashkent y Samarcanda”. Poco a poco, “mis perspectivas cambiaron, vi que los soviéticos habían trabajado mucho pero los occidentales, que pensábamos que sabíamos mucho, no sabíamos nada”. Fue entonces, al tiempo que Uzbekistán empezaba a enfilar su futuro tras la caída de la URSS, cuando Stride empezó a esbozar sus teorías sobre los paralelismos entre Asia y Europa.

“Los procesos históricos son los mismos en Termez, en Barcelona o en Florencia. Y esto es lo que queremos demostrar científicamente con nuestras excavaciones”, cuenta Stride, actualmente profesor de Historia Antigua y Arqueología de Asia Central en la Universitat de Barcelona (UB). Culturalmente, Termez y Barcelona tienen mucho en común: “Durante la colonización helenística, Termez era uno de los puntos más orientales y Barcelona, casi en el otro extremo, de los más occidentales; la expansión islámica llega a Barcelona a principios del siglo VIII, igual que en Termez”. Pero mientras los textos antiguos sobre Barcelona “están escritos sólo en latín o en lenguas derivadas; en Termez aparecen todas las lenguas del continente euroasiático: griego, latín, persa, sánscrito, chino, turco, tibetano, mongol, árabe, armenio…”.

La cerámica de diferentes épocas históricas que un equipo de la UB, en el que se encuentra Stride, ha hallado en Termez, coincide en formas y colores con la de la Península. Parece que las modas de un extremo y otro son las mismas, lo que evidencia ese nexo cultural.

“El mundo está globalizado ya desde mucho antes del siglo V; hay personas en Asia Central que saben lo que pasa en China y en Europa, en esa época ya había globalización aunque no se era consciente, pero a partir del siglo V ya hay un conocimiento práctico, ya hay decenas de miles de extranjeros que viven en China y que tienen familia en Samarcanda o en Constantinopla”.

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Para este arqueólogo excavar en Uzbekistán, a donde regresa dos veces al año, responde a la “necesidad imperativa de enseñar aquí, en Barcelona, que el mundo es muy diverso”. Stride relata que ha sido de mucha ayuda para su trabajo haber tenido acceso a los mapas militares soviéticos encargados por Stalin en la década de los 40 del pasado siglo. “En los años 50 y 60 empezó a cambiar el paisaje de Uzbekistán con la agricultura, los campos de algodón destruyeron todas las anomalías topográficas, que son los yacimientos arqueológicos. Pero con los mapas de Stalin tenemos registrada toda esa topografía, esos montículos donde se ocultan fragmentos de cerámica. A partir de esos mapas podemos reconstruir el paisaje de hace 3.000 años”.

Stride sólo encuentra ingredientes que alimentan la teoría de esa primera globalización. Termez, gran centro budista hasta el siglo V, luego feudo islámico en el VII y destruida por la invasión mongol del Gengis Khan en el XIII, alumbró al principal pensador sufí, Hakim Termidi. Stride y el equipo de la UB consideran que el libro del mallorquín Ramon Llull Els cent noms de Déu,del siglo XIII, pudo haberse inspirado en la obra de Termidi, que había vivido 400 años antes en Termez. Así, el pensamiento de Termidi habría llegado al Mediterráneo evidenciando las conexiones entre entre Oriente y Occidente.

Ahora sólo quedan los restos arqueológicos de la potente Termez; la nueva ciudad se alza a unos diez kilómetros al noroeste de la original. “Termez llegó a ocupar 500 hectáreas, fue uno de los puntos clave de la Ruta de la Seda, pero no tiene un crecimiento lineal; entre los siglos X y XIII fue uno de los grandes centros del mundo pero hay momentos en que queda abandonada”. El reto de Stride es, a partir de la cerámica y de la información de los mapas de la época soviética, “entender la relación del hombre con el medio ambiente, cómo interacciona con el paisaje y la evolución de la estructura urbana de Termez desde el siglo III a. C.”. Pero el fin último es obtener más datos que confirmen que el desarrollo de Termez a partir del siglo V es similar al de aquí.

Mientras apura el café, el arqueólogo proclama con pasión y en un perfecto catalán el cosmopolitismo de los uzbekos. “En Uzbekistán siempre ha habido una gran mezcla de culturas, como ahora en el Raval. Durante el periodo soviético convivían en Samarcanda 25 nacionalidades”. Él, en Samarcanda, excava con un equipo integrado por catalanes, franceses, uzbekos, rusos, japoneses e italianos, y se ruboriza cuando reconoce hablar siete idiomas….”

Si voleu més informació sobre la feina que desenvolupa en Sebastian Stride podeu consultar la web d’AISCA (Archaeological Information System  of Central Asia – en català i anglès-). un projecte de creació d’una base de dades dels jaciments arqueològics i monuments històrics de l’Àsia Central.

Entrevista a AMIN MAALOUF: “Avui totes les guerres d’Occident passen per Palestina”

Amin_MaaloufFa dos dies, la “Contra” de La Vanguardia publicava aquesta entrevista a Amin Maalouf,escriptor i periodista libanès, autor de genials obres com “Samarcanda”, “Les croades vistes pels àrabs”, “Lleó l’africà”, “La roca de Tanios”  o “Els jardins de Llum”. on planteja una visió molt interessant de la situació política del Pròxim Orient, de Turquia, del món àrab, d’Iran o del paper d’Obama a l’escena mundial. Estem segurs que val la pena fer una bona lectura i reflexió:

“… Los árabes somos los grandes perdedores del Siglo XX y de lo que llevamos del XXI.

– ¿Por qué?
Porque en el medievo extendimos nuestro imperio desde la península ibérica hasta las remotas estepas asiáticas, pero después perdimos la batalla de la modernidad ante Occidente y, tras la Revolución Industrial, ya fuimos convertidos en sus colonias…

– ¿Por qué no copiaron a Occidente como Japón o ahora China o la India?
Porque nosotros tenemos a Europa demasiado cerca para olvidar la derrota así que, si tu enemigo tiene la modernidad y la tecnología,.. ¿Qué te queda? pues sólo te queda tu tradición y tu pasado de esplendor, por eso todos los movimientos que triunfan en el islam reivindican ese pasado.

– Van con los talibanes hacia el medievo.
Y por eso tantos árabes jalean las derrotas, porque, a falta de victorias, para nosotros quien simplemente es capaz de resistir ya encarna nuestra dignidad: desde Naser – no ganó nunca una batalla-pasando por Arafat hasta el gran perdedor de lo que va de siglo: Sadam Husein.

– Su lista de vencidos ya es muy larga.
Y en lo que va de este siglo muchos árabes siguen humillados y jaleando guerras perdidas desde Iraq a Afganistán…

– ¿Ha cambiado algo?
Otro Husein nos ha dado una esperanza. La primera victoria de Occidente que podría no ser nuestra derrota ha sido la de Barack Hussein Obama.

– Pronto hará un año.
Eso también me preocupa: Obama tiene un plan para Oriente Medio, el primero en el que realmente he creído… Y le aseguro que hasta ahora no me había creído ninguno.

– Cuéntenos.
No es tanto la fórmula mágica como el modo de plantearlo que propone: mapa sobre la mesa ¡todo a la vez, todos a la vez y ya!

– ¿Sin hojas de ruta, condiciones, pasos previos, etapas…?
Ese ha sido el gran error hasta ahora: fijar condiciones previas, porque ¿Qué ofreces a quienes se benefician de la actual situación a cambio de que renuncien o modifiquen algo, por ejemplo los asentamientos? ¿Qué les das a cambio?

lavanguardia.pdf– ¿. ..?
Nada y nadie hace nada por nada. Por eso tiene que haber una solución de golpe que integre a todos en ella y pactada en conjunto; que ofrezca a todos toda la paz para siempre a cambio de concesiones ahora.

– Siempre habrá reticentes.
Sí, pero si se logra un acuerdo global para la mayoría, quienes no lo acepten serán radicales que acabarán quedando en los extremos y ya no tendrán poder para paralizarlo.

– ¿Con qué contenido?
Tiene que detallarse sólo en ese momento y no puede dejarse margen para reconsiderar, regatear, forcejear… Pudrir el acuerdo. Y el tiempo vuela: tiene que ser ya pronto o se habrá perdido la “ventana de oportunidad” de la elección de Obama.

– ¿Por qué es tan importante ahora?
Sin ese acuerdo no habrá dignidad árabe ni musulmana y sin esa recuperación no hay paz posible en Afganistán ni en Pakistán ni en Iraq ni en Irán… Todas las guerras de Occidente pasan por la de Palestina.

– ¿Por qué?
Porque ningún dirigente musulmán que plantee un gobierno amigo de Occidente será aceptado por su pueblo hasta entonces.

– Oriente Próximo es el nudo en el que se entrecruzan todos los conflictos…
Ahora podemos deshacerlo y Obama tenía un buen plan, pero van pasando semanas, meses… Y si no es ahora me temo que no va a poder ser en muchos años.

– ¿Y si lo hubiera qué pasaría?
Todos los países del área, pese a la disconformidad de algunos radicales, podrían disfrutar de fronteras seguras y estables. Entonces sería el momento de lanzar un plan Marshall e integrar a esos países en una economía dinámica: Israel sería beneficiado.

– ¿No le preocupan los misiles iraníes?
Bajo la superficie acartonada de las consignas de los ayatolás late una sociedad civil vigorosa y vibrante y abierta que espera su oportunidad: no me extrañaría que en unos años – lo veremos-Irán fuera plural y laico.

– ¿Por qué dejó de serlo?
Occidente aún paga el error de haber derrocado a Mosadeq: él sólo quería gobernar democráticamente y la CIA sólo quería el petróleo. Occidente se ha olvidado de aquel error, pero en Irán sigue pesando.

– ¿Turquía es Europa?
Merece la oportunidad de no ser rechazada. Tampoco a Europa le conviene convertirse en un castillo rodeado de murallas para que no se le cuelen los musulmanes. Den tiempo – necesitan tiempo-a Turquía y ese gran país les demostrará lo que es capaz de conseguir en paz y con moderación.

– Le veo más optimista que en su libro.
La historia se acelera: el flujo cada vez más rápido de la información también acaba imprimiendo velocidad a la sucesión de los hechos. Fíjese: parece que ya han pasado siglos entre principios del XX y el XXI.

– ¿Y eso es bueno o malo?
Mire, yo lo que voy a hacer para que no me arrolle es irme a mi isla a seguir disfrutando de la observación de la vida y del siguiente placer que es explicarla. Acabo de empezar nueva novela y no van a saber de mí en una larga temporada.

+ info: Web d’Amin Maalouf (en francès o anglès).